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Opinión

¿Debe un entrenador personal estar en forma?

7 min de lectura

Nuestra respuesta es que sí, y las razones habituales para decirlo nos parecen bastante malas. La gente contrata por el físico y descarta por el físico, cuando el físico predice mal lo que buscas. Aun así seguimos pensando que sí, por motivos distintos.

El 95% de la gente dice que sí

Cuando les preguntan, los clientes contestan casi en bloque. En un trabajo de la Bowling Green State University sobre cómo influye la apariencia del entrenador en la decisión de contratarlo, el 95% de los participantes respondió que un entrenador personal debería parecer estar en forma. Quien no lo parecía era percibido como alguien cuyo programa quizá no funcionaba.

Ese número no discute. Si te dedicas a esto, tu cuerpo es lo primero que alguien mira, y decide antes de escuchar tu primera frase. Fingir que no pasa sería cómodo y falso.

Y aun así, el físico predice mal

La misma literatura señala el problema: a los entrenadores se les juzga por el aspecto antes que por su formación, su experiencia o sus certificaciones. En los estudios de percepción, los cuerpos mesomorfos y ectomorfos puntúan como más competentes que los endomorfos, sin que nadie haya visto todavía a esas personas programar una sesión.

Genética, edad, años de ventaja y en algunos casos farmacología separan a dos entrenadores con el mismo conocimiento. El más fuerte de los dos puede ser el peor explicando por qué tu cadera se va hacia dentro en la sentadilla. Contratar por foto es una heurística barata y falla mucho.

Por qué en nuestro estudio la respuesta sigue siendo sí

Entrenar de verdad te da material que no se estudia. Roei jugó al balonmano de forma profesional antes de dedicarse a esto y lleva quince años entrenando gente. Cuando te dice cómo se siente la cuarta serie de sentadilla cuando ya no queda nada, no lo ha leído.

Ese material sirve para tres cosas concretas en una sesión. Anticipar dónde vas a fallar antes de que falles. Saber qué corrección funciona en un cuerpo cansado y cuál sólo funciona fresco. Y entender por qué hoy has venido sin ganas, porque nosotros también hemos tenido ese día muchas veces.

Hay una cuarta razón menos cómoda de decir: te ayuda a creerte lo que te pedimos. Cuando alguien te manda subir un peso que te da respeto, importa que esa persona haya pasado por el mismo sitio. La confianza no es un extra del servicio, es parte de por qué subes el peso.

Dónde ponemos el límite

Estar en forma y estar definido todo el año son cosas distintas. Un entrenador en fase de ganancia con la cintura tres centímetros más ancha está haciendo lo que le pediríamos a un cliente en esa fase. Juzgarlo por eso sería no haber entendido el proceso que vendemos.

Lo que sí nos parece exigible es que entrene, que conozca sus propios números y que su cuerpo sea coherente con lo que recomienda. Un entrenador que lleva dos años sin pisar una barra tiene un problema de credibilidad y también uno de criterio, porque se le oxida el juicio sobre lo que cuesta cada cosa.

¿Puede entenderte alguien que nunca ha estado ahí?

Es la objeción que más nos hacen y la más justa de todas. Alguien que siempre ha sido delgado y fuerte puede no tener ni idea de lo que es entrar en una sala de pesas pesando treinta kilos de más, con la sensación de que todo el mundo mira.

Nuestra respuesta es que la empatía se puede construir, y que se construye escuchando durante años, no naciendo con el problema. Lo que no se puede fingir es el interés. Un entrenador que no te pregunta cómo te sientes entrando por la puerta va a programarte bien y va a perderte igual en el mes cuatro.

En el estudio esto es literal: entrenamos de uno en uno, con la puerta cerrada y sin nadie más en la sala. Buena parte de por qué la gente aguanta años con nosotros tiene que ver con que la primera barrera nunca llegó a existir.

El sesgo también nos beneficia a nosotros

Conviene decir la parte incómoda. Un estudio pequeño con entrenadores que se ven fuertes se lleva clientes que quizá estarían mejor atendidos en otro sitio. Nosotros nos beneficiamos de ese sesgo cada mes y no vamos a fingir lo contrario.

El coste se lo lleva el sector. Entrenadores mayores, entrenadores que arrastran una lesión seria y entrenadoras con un cuerpo que no encaja en el molde de Instagram cobran menos y llenan menos agenda que colegas peores. Hemos coincidido con varios que programan mejor que nosotros.

Lo que le pedimos a quien entrena aquí

Nuestro criterio interno no incluye un porcentaje de grasa ni una marca en press de banca. Pedimos tres cosas: que entrene con regularidad y sepa sus propios números, que sepa explicar la misma corrección de tres maneras distintas, y que acepte decir «no lo sé, lo miro» delante de un cliente.

La tercera es la que más gente descarta. En quince años hemos visto a bastantes entrenadores muy fuertes inventarse una respuesta antes que admitir un hueco, y esa es la única característica que nos ha hecho no volver a trabajar con alguien.

Lo que deberías mirar en su lugar

Pídele que te enseñe un registro de progresión de un cliente real, con nombres tapados si hace falta. Pregúntale qué mide y cada cuánto. Pregúntale por un caso que le saliera mal y qué cambió después. Esas tres respuestas te dicen más que cualquier foto de perfil.

Nosotros publicamos nueve historiales con nombre, meses y centímetros, incluido el de Kristina, que bajó 4,3 kg en once meses y parecía un año mediocre hasta mirar la cadera: de 101 a 91 cm. Ese tipo de dato es lo que deberías pedirle a cualquiera antes de pagarle, y también a nosotros.

Contrata por el registro, no por la foto. Y si el registro es bueno y además la persona entrena en serio, mejor todavía, porque va a saber cómo se siente lo que te está pidiendo.

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Referencias científicas

Morgenstern, K. How does a personal trainer’s appearance impact how potential clients perceive their competence? Bowling Green State University, HMSLS Master’s Projects.

Boerner, P. R. (2013). The role of appearance in perceptions of personal trainers. SUNY Cortland, Master’s Theses.

Melton, D., Dail, T. K., Katula, J. A., & Mustian, K. M. Women’s perspectives of personal trainers: a qualitative study. The Sport Journal.

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